ALGO ÚNICO Y EXTRAÑAMENTE PRECIOSO El maestro que siente respeto por sus alumnos no cree que sea su deber “moldear” al niño. Percibe en todo lo que vive, pero especialmente en los seres humanos, y sobre todo en los niños, algo sagrado, indefinible, ilimitado. Algo único y extrañamente precioso: el principio de desarrollo de la vida, la encarnación de una parte del mudo esfuerzo del mundo. En presencia del niño siente una inenarrable humildad, una humildad que no se puede defender fácilmente por ningún fundamento racional, y sin embargo está más cerca de la sabiduría que la fácil autosuficiencia de muchos padres y profesores. El desamparo externo del niño y la súplica de apoyo le hacen consciente de la responsabilidad de una confianza. Su imaginación le muestra lo que el niño puede llegar a ser, para bien o para mal, cómo sus impulsos pueden desarrollarse o entorpecerse, cómo pueden oscurecer sus esperanzas y disminuir el vigor de su vida, cómo puede ser destruida su confianza y sus viv...